miércoles, 14 de enero de 2015







El tiempo de los peces, de Juana Inés Casas, Ediciones De la Lumbre, Santiago de Chile, 2011.



    Me costó encontrar el texto pero aquí está. Fue publicado en el diario El Despertador, de Ayacucho, hace ya años. Juana Inés nos dedicó un ejemplar para la Biblioteca de La Zorra, y nosotros aprovechamos para recomendarlo. La reseña se reproduce tal cual fue publicada en su momento.
    Juan Inés Casas ha publicado su primer libro en septiembre de 2011 en Santiago de Chile, ciudad en la que vive y trabaja. Se trata de un libro de cuentos.


El amor es cosa del pasado


    Lo primero que debo mencionar para hablar del libro es que el lector se encuentra ante un mundo femenino, o mejor dicho ante una mirada femenina del mundo. Personajes cargados de subjetividad, con una mirada que se detiene en el detalle y la interpretación de esos detalles. Casi siempre los narradores son mujeres y eso atraviesa todos los textos. No importa si se entra en el debate sobre la literatura femenina, su existencia, o lo que sea que se quiera debatir, pero tampoco es cuestión de ignorar lo obvio. Aquí hay un universo femenino al que la autora nos permite asomarnos con precisión y asombro.
    Dicho esto, también quiero señalar que se trata de relatos quietos, en los que casi no hay historia ni grandes conflictos. Como postales, o fotos viejas, desde las que nacen y crecen cada uno de los cuentos. Situaciones sutiles que terminan dando sentido a alguna historia que asoma desde el pasado. Cuentos que nos sumergen en otro ritmo, distinto al bombardeo al que nos tienen acostumbrados los medios masivos, una velocidad más relacionada con el placer de la lectura, con el de la reflexión, con el del deleite.
    Existen otros ejes desde el que se podría analizar el libro, en una clara división en lo referente al lugar en dónde transcurren las historias.
    Hay cuentos de Playa. Como En cierta forma es fumar, que transcurre en Villa Gessell, y en el cual una niña se separa de sus padres y pasea con un desconocido por la Avenida 3. O el cuento que da título al libro, El tiempo de los peces, en el que una mujer en un día de playa vive una experiencia con la hija de una amiga. También podría incluirse en esta lista Cadaqués, un cuento en el que una mujer sola está de vacaciones y persigue a un extraño hombre.
    Como Cadaqués, están los cuentos que transcurren en el Exterior. Es el caso de Persecuciones a la hora de siesta, en la que una turista debe tomar el subterráneo y se siente perseguida por un niño y un hombre. También Arribos, en el cual una pareja regresa al país y se narra la extrañeza de un mundo ya distinto.
    Otros relatos son bien de Ciudad. ¿Vos querés casarte y tener hijos?, es un texto en el que la narradora nos cuenta lo que sucederá cuando se encuentre con su primer amor. En El encargo, el único texto que roza el suspenso, otra mujer visita el departamento de un amigo que no está para darle de comer al gato y se encuentra con una sorpresa. Y en Análisis del discurso, una mujer reflexiona sobre una futura relación en medio de una conferencia de un lingüista francés.
    Finalmente están los cuentos de Pueblo. Igual se llega a Tandil, pequeñas historias que transcurren durante tres hechos importantes en la vida de los pueblos, los corsos, el Vía Crucis y un velorio. Fin de año, que cuenta el encuentro de los primos en la casa familiar y tensión que provoca un hecho del pasado. Y en Todas íbamos a ser paquitas, se narra la historia de unas amigas que escriben una carta al conocido programa de tv de Xuxa, pero todo termina con la disolución familiar.
    Es esa la sensación que perdura en el lector al terminar el libro. Que lo bueno se diluye. Que el pasado es el tiempo de la felicidad. Hay una nostalgia hacia ese pasado en el que todo fue perfecto aunque fugaz. Y un presente en el que las protagonistas son mujeres solitarias, más conscientes de que el mundo no es perfecto ni como quisieran.
    Ese tiempo extraño, de los peces, es el centro del libro. Un tiempo muerto, perfecto, casi quieto. Es el tiempo de las mujeres y de su profunda mirada. El hermoso tiempo que se consume mientras leemos los cuentos de Juana Inés.

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