jueves, 26 de enero de 2012

Mi nombre es Rufus, de Juan Terranova, Interzona, 2008, Buenos Aires. 
El pornógrafo, de Juan Terranova, Gárgola, 2005, Buenos Aires. 
El caníbal, de Juan Terranova, Ediciones Deldragón, 2002, Buenos Aires. 



Dentro de las novelas

    Son tres de las cuatro primeras novelas de Terranova, sólo falta El Bailarín de Tango. Escritas entre 2002 y 2008. Al leerlas me ha sucedido algo bueno. Porque creo que cuando un lector se acostumbra a leer toda la obra, o casi toda, las cosas cambian. Es más fácil entender de qué viene la cosa. El hilo conductor de las primeras obras de Terranova, para mí, son las pequeñas historias. Contadas oralmente por sus personajes, reproducidas a través de noticias, extraídas de Internet, en una lista de apariciones religiosas o en otra de los asesinos seriales. Como sea. Después está el sexo, y sus variantes. Y después los medios masivos, incluido el mundo digital. También la amistad, dijo el autor en una entrevista reciente, y tiene razón, nunca faltan un par de amigos en sus textos.


    La ficción, que todo lo atrapa
    Sobre El caníbal

    Es el relato de los sucesivos encuentros entre un joven escritor de apellido Terranova y otro, Villegas, ya experimentado, que le dice que leerá su primera novela y lo contactará con algún editor.
    Más de la mitad de El caníbal consiste en charlas y discusiones entre ambos escritores, en los que generalmente Villegas le da a leer noticias, ya que sostiene que allí se encuentra la verdadera literatura de hoy en día. Así aparece la reproducción de una noticia sobre el hijo de un artista español que asesina a su madre, otra sobre un hombre al que encontraron muerto frente al televisor cinco años después de haber fallecido, una referida a un ermitaño que vivió diez años en una cueva, el asesinato de un hombre peruano al que mataron por errar un penal, la noticia de un asalto en Mar del Plata que termina con la muerte de una anciana bajo la mirada de su hermano sordomudo.
    Después hay otras, referidas a la televisión: un suicidio en vivo, la historia de un ciudadano israelí que ayudado por la BBC encuentra a su familia para después asesinar a sus hijos, un asesinato de un hombre norteamericano después de declarar en televisión su amor homosexual.
    Villegas luego desaparece y Terranova queda en contacto con un editor viejo: Marconi. A él entrega una obra que escribe rápidamente y la firma con el nombre de Villegas. La obra es publicada. La novia de Terranova le cuenta la novela antes de irse a España y está llena de las mismas historias de aquellas noticias.
     ¨Argentina se cae a pedazos¨, dice un funcionario del FMI en el diario, en otra noticia el politólogo francés Alain Touraine dice “Argentina es un país que no existe”. En medio de la crisis más profunda del país, sobrevive la literatura, en los diarios, en las revistas, en los libros, en las cartas, más allá de los géneros y las ideas. Como dice el personaje: “Subsiste en la obsesión de algunos con la forma de la ficción y en la conciencia de todos, para poder relacionarnos con el mundo, en la forma que el mecanismo mediático le imprima.”
    Toda una declaración, sobre los medios y sobre la literatura. En ese momento los diarios, las revistas y la televisión. Aún no estábamos conectados a Internet.
    La novela, diez años después, resiste una lectura y entretiene. No todos los textos los logran. Es el germen de una obra que comienza. Las historias sobreviven. 


    Los secretos del mundo
    Sobre El pornógrafo

    Es la segunda novela de Terranova. Es un texto extraño. Casi exclusivamente construido con diálogos de Chat entre dos amigos. Aquí tampoco hay una historia, las historias aparecen a través de las voces de Mirko, un ginecólogo que cumple guardia en horario nocturno, y Nemo, un fotógrafo de diario que también hace guardia por la noche. En sus horas de desvelo, conversan.
    Así, se cuenta la historia de sus parejas: Cecilia, una enfermera que Nemo conoció por Internet, y de Vera, una joven que Mirko conoció en una fiesta. También, y acaso la más importante, la historia del pornotraficante Mauricio, novio de Samanta, la prima de Vera.
    Además se cuenta una excursión de Nemo a un galpón del gran Buenos Aires, donde se hacen peleas de “vale todo”, fotos de un futbolista que se suicida, una noche en un hotel alojamiento donde miran a través de la cerradura de una puerta. Luego, historias sobre el registro de dominios de Internet, un viaje a Paraguay a comprar pornografía, detalles sobre clientes excéntricos en cuanto a gustos sexuales.
    Nemo deja su trabajo para dedicarse exclusivamente a los pedidos que Mauricio le hace, y Vera deja a Mirko. Todo parece desintegrarse, pero finalmente nos encontramos con buen final. Al igual que en El Caníbal, los dos amigos concluyen escribiéndose una carta, en este caso un mail, donde recomponen su relación, y explican cómo han encaminado sus vidas.
    Es una novela de lectura ágil y atrapante. Sin darnos cuenta, estamos en medio de una charla nocturna y secreta entre dos jóvenes que descubren un personaje que pertenece a un mundo oculto, el de la pornografía. Hay un poco de amor y abandono, también de amistad. 


    Los sonidos de Birmania
    Sobre Mi nombre es Rufus

    Tiene este libro características que lo podrían ubicar en una serie con los otros dos: un texto fragmentario, la ausencia de una historia rigiendo la novela, la inclusión de textos provenientes de otros registros (mucha letra de canciones en este caso), la casi ausencia total de una historia amorosa, la presencia de relaciones de amistad entre hombres.
    Y lo principal, un rosario de pequeñas historias con la que se va armando la novela, en Mi nombre es Rufus, referidas a cada uno de los integrantres del grupo punk Birmania. Javi, el cantante y escritor de las letras, que terminará perdido por las drogas, o en el Bolsón, o en el extranjero. Kike, el bajista, que fue el primero en abandonar el grupo. El Mono, que tocaba la batería. Y el narrador, guitarrista del grupo, nacido en 1970.
    El secreto es el narrador. Aunque se podría decir que siempre lo es. Aquí cuenta desde un lugar algo marginal, y lúcido. Hay una similitud con otros textos de Terranova. Quiero decir que bien podría haber elegido la voz del cantante y líder, pero en cambio, elige un observador, casi neutral y muy analítico. Un narrador que intenta comprender las cosas, desde un lado y desde el otro. Me recordó al cronista de La Virgen del Cerro y al de El diario de Alcalá, pero también un poco los narradores de la ficción, a los que no les suceden muchas cosas, y desde esa situación casi pasiva, con los ojos bien abiertos, pueden contar.
    Lo que se narra en esta novela es “la curva del punk”. Desde el inicio en el que dos adolescentes del industrial se juntan con sus instrumentos por primera vez, pasando por el momento en el que logran cierto éxito, después de tocar y tocar, y de grabar y de hacer giras por el interior, hasta el final y la decadencia, claro. “Seguimos vivos y sufrimos la energía centrífuga de la curva del punk. Esa curva que te saca del camino y te pone literalmente en otra parte”. Es un pequeño conflicto, cuando todo aquello termina y los protagonistas se encuentran con hijos, comprando un departamento, en el supermercado eligiendo pañales. 
    Un libro bien de ciudad, del Buenos Aires de fines de los ochenta y los noventa. Un libro referido obviamente a la música, con infinitas referencias a lo que sucedió y se dijo en ese mundo. Pero aunque el tema lo define, y lo diferencia, como en todos sus libros, el autor trata de indagar, de alcanzar ese fondo de las cosas que trasciende el tema. Y lo logra, cuando terminamos de leer sabemos que el libro no sólo se trataba de música.

domingo, 15 de enero de 2012

Diario de Alcalá, de Juan Terranova, Pánico el Pánico, 2010, Buenos Aires.
La Virgen del Cerro, de Juan Terranova, DeBolsillo, Editorial Sudamericana, 2007, Buenos Aires.
Pornopunk, de Juan Terranova, Paradoxia libros, 2011, Buenos Aires.



Fuera de las novelas

    Elegí estos textos para comenzar a leer la obra de Juan Terranova. Yo tenía Lejos de Berlín. Y no compraba otras novelas porque estaban un poco caras o porque no las conseguía, pero lo fui haciendo de a poco y ahora tengo cinco en total. Así que me decidí por los textos que no eran novelas, a manera de introducción. Fue una sorpresa, encontré una mirada atenta, mucho compromiso con los temas, algo de humor. Y en los cuentos, una muestra de su ficción.
    Quiero marcar un detalle que me parece está en todos estos textos. Es cierto afán enciclopedista que encontré en los libros, incluso en el de ficción. Apostaría que escribe con la pestaña de Wikipedia siempre abierta. Pensé en Terranova como un peregrino de la web. Un recurso algo borgeano, pero sin el acartonamiento de la Enciclopedia Británica, con el que muchas veces logra hacer de sus textos una recorrida por el mundo y sus cuestiones.


Notas de un invitado
Sobre el Diario de Alcalá
    Es un libro maravillo este pequeño conjunto de anotaciones sobre la estadía de Terranova en España. Fue en 2009. Las noticias sobre el desempleo ya comenzaban a tomar los diarios. Una universidad invita a varios escritores latinoamericanos a una especie de residencia que incluye el momento en que se entrega el premio Cervantes. Aparecen los Reyes, escritores reconocidos, agentes, editores, empleados de entes culturales, profesores, escritores. Excursiones a museos, paseos en metro. Miles de conversaciones, tapas de por medio.
    En ese contexto, un extraño y genuino narrador nos muestra lo profundo de su pensamiento. Hay momentos de extrema lucidez, como cuando cita un comentario de Flaubert sobre Hugo, que había terminado un libro: “El viejo león todavía sabe odiar”. O cuando va con otro escritor a Puerta de Hierro y conversan sobre el Peronismo. También cuando comparten una charla con un diplomático de la Agencia de Cooperación Internacional para el desarrollo, referida a los países centrales, Latinoamérica y la cultura.
    Entretenido, sincero y profundo. Gracioso por momentos. Muy recomendable.


Un cetón moderno
Sobre La Virgen del Cerrro, María Livia y el milagro de la fe.
    “Un cetón es una obra literaria que se compone utilizando versos o fragmentos extraídos de una o más obras anteriores.”, cuenta Terranova en el Epílogo. Y es también, dice, la historia de dos peregrinaciones a Salta, para presenciar “las actividades que se realizan alrededor de la Virgen del Cerro”.
    Para quienes no conocen la historia, se trata básicamente de una mujer salteña que ha presenciado a la Virgen María. Se llama María Livia Galliano de Obeid, y desde 1990 recibe estos mensajes, que debe trasmitir a los peregrinos. También recibió la orden de levantar un santuario en el cerro. Es allí a donde acuden cada sábado los creyentes cristianos, a lo que llaman la Oración de Intercesión, una bendición que, a través de María Livia, los hace caer al suelo, y en muchos casos parece curarlos.
    Las apariciones se hicieron muy conocidas, y un grupo de laicos comenzó a organizar las excursiones y los encuentros en el Cerro. Se ha convertido en el centro de peregrinación de personas de todas las provincias, e incluso de países vecinos.
    Esos son los hechos. El libro es otra cosa. El libro es extraordinario.
    Lo primero que llama la atención es que el autor logra mantener un tono neutro, lejos del prejuicio que, yo creo, cualquiera tendría a la hora de enfrentarse a escribir un texto como éste. Ese tono convence al lector de que se encuentra ante un desafío, el de analizar en profundidad la fe, la vida de los hombres y sus creencias, la capacidad del intelecto.
    Me encontré con un análisis profundo desde adentro de la peregrinación, y más profundo y amplio aún de los hechos que rodean y conforman la Iglesia Católica. Recuerdo ahora la descripción de los viajes, del Convento de las Carmelitas Descalzas, del museo donde están unas momias precolombinas, las ceremonias en el Cerro. Y después el amplio resumen de las apariciones de la Virgen a lo largo del mundo, las cartas y declaraciones de los expertos en apariciones y exorcismos, y también las referidas a cuestiones de doctrina y al caso específico de María Livia.
    Por último, una referencia al origen de los textos, casi todos extraídos de Internet, como el mismo autor lo explica sobre el final del libro. Nada más para decir que ahora el desafío para los autores no es tanto la investigación como sí el oficio y el talento.
    Un libro sorprendente. Terranova nos lleva por el camino de la fe y sus cuestiones, por su historia, por su literatura; aunque los lectores, como en mi caso, no participemos de la religión, y comencemos abriendo el libro con una mueca de escepticismo. Logra, después de horas de entretenida lectura, que lo cerremos pensando que hay cosas nuevas sobre las cuales reflexionar.
    No sucede con muchos textos, sean del género que sean, traten del tema que traten.


Cuatro cuentos
Sobre Pornopunk
    Es un libro pequeño, de la colección de literatura erótica. En una prosa con buen ritmo, ágil pero cargada de datos y referencias a situaciones similares a los temas principales de los cuentos. Y con bastante sexo. Todos los cuentos en primera persona, aunque en el primero y en el último el narrador no es el protagonista.
    Pornopunk, sobre un adicto a Internet y sus experiencias sexuales con una mujer que conoce a través de la web. Hablame de lagartos, sobre la breve relación de una artista y el narrador. Me das miedo, Lucía; sobre el masoquismo en una relación entre dos jóvenes. Y Siempre tendremos Lisboa, sobre un italiano con una novia celópata.
    Y son cuentos nuevos, de hace meses. Se nota. Por los temas, por el contexto. Literatura de hoy, los temas de siempre. Un buen libro para introducirse en la ficción de Terranova.

viernes, 13 de enero de 2012



Los años felices, de Sebastián Robles, Pánico el Pánico, 2011, Buenos Aires.



Un buen día

   Me resultó muy difícil decidirme a escribir esta reseña.
   Yo no conozco mucha gente del ambiente literario. Pero tuve la suerte de estar el día que Sebastián Robles había recibido el primer ejemplar impreso de su novela. Los que estábamos allí lo aplaudimos. Me hizo acordar a los casamientos. Yo no sabía que se aplaudía en los casamientos, y cuando se casó la hermana de mi mujer los aplausos me resultaron una sorpresa. Y me alegré. Dicen que los argentinos aplauden cuando aterrizan los aviones. En mi pueblo, en las casas donde no hay timbre, y en el campo, se aplaude para anunciarse. Y ahora pienso que cuando se baila folclore también se aplaude. Será que viene de ahí.
   El asunto es que lo aplaudimos a Robles. Fue un momento mágico, un día bueno. Con mucho significado, porque todos lo que aplaudíamos éramos aspirantes a escritores. Y ser escritor quiere decir poder publicar, encontrar lectores. Robles estaba contento. Todos estábamos así.
   Anunciación, alegría, llegar a un destino, asumir un compromiso. Todo eso significa publicar un primer libro. Todos son motivos más que suficientes para leer un libro de un autor joven. Porque pienso que en el fondo qué importa si al crítico le pareció un libro bueno o malo. Ya que al fin y al cabo no es más que otra opinión. Y la opinión va de la mano de los gustos personales, de las historias personales, de las capacidades, de los miedos, de tantas cosas.
   Digo todo esto porque a una amiga le dije que no iba a escribir sobre Los años felices porque no quería ser descortés. Lo dicho, no soy amigo de Sebastián Robles, lo he visto apenas un par de veces. Pero no es lo mismo hablar de un desconocido que de alguien que sabemos quién es, y sobre todo de quien todos dicen que es un buen tipo, y un buen escritor.
   Entonces ahí está el dilema. ¿Nunca hacer críticas malas? ¿Sólo reseñar cuando hay algo bueno para decir? ¿Hacer la reseña y disimular?
   Este asunto ya dice más sobre mí que sobre el libro de Robles. Ah, porque ese es el otro asunto, parece que todo fuera personal cuando se habla de un libro, casi como si se hablara del autor o de su hijo, y no del texto. En otra oportunidad ya lo dije, vamos a ver cuando me toque a mí, cómo me cae la crítica. Porque en la teoría está todo claro, pero en la práctica, se verá.
   No hace mucho leí una reseña de Patricio Pron, un escritor que me gusta mucho cómo analiza a otros autores. En esa reseña era muy cruel con el libro Ejércitos enemigos, de Alberto Olmos, que es el autor de un blog que también sigo y me gusta, El lector Mal-herido Inc. Allí Pron le decía, entre otras cosas, que era muy fácil criticar y no tan fácil escribir. Lo estaba esperando atrás de la puerta, como se dice en mi pueblo. Con mucha mala fe, creo.
   Cuento esto porque hay dos cosas sobre las que quiero decir algo. La primera que si la crítica es negativa, pero bien intencionada, entiendo que puede atraer lectores, ya que todos pensamos distinto y los lectores lo saben. Eso me sucedió con el libro de Olmos, por ejemplo. Además puede resultarle interesante al autor, como otro punto de vista. Y también decir que quienes reseñamos libros estamos condenados si no podemos opinar por escribir peor que algunos autores. Quién podría entonces escribir sobre Shakespeare, por ejemplo.

El libro: Estado de situación, los 90’.

  Lo primero, es un libro hermoso, muy cuidada la edición, desde la tapa y su imagen, hasta el papel y la contratapa. Es una novela que parece extensa, casi 235 páginas, pero que se lee muy rápido, porque está dividida en capítulos cortos, y hay páginas en blanco cuando cambia de capítulo. Son textos que, como el autor explica, fueron parte de un blog.
   Me preguntó cómo influirá en la ficción la escritura pensada para Internet. ¿Habrá alguna relación? ¿Modificará los textos? ¿La opinión constante de los lectores incidirá en los textos en proceso? ¿Será una nueva forma de escritura, y de escritor, alejado de esa tradicional imagen de genio literario en soledad?
   Son nuevos interrogantes que se plantean, no sólo de los nuevos hábitos de lectura, también de la escritura. Aunque de todas formas, al final, están los textos.
   En la novela se cuenta la historia de Eric, un adolescente del conurbano bonaerense que está terminado el colegio. La relación con sus amigos, Diego y Hernán, y sus historias. Éstas incluyen sus noviazgos, sus salidas nocturnas, y en el capítulo segundo, sus vacaciones en Pinamar. Al final, el primer año de ingreso a la facultad. Digamos que la etapa en la que el protagonista y sus amigos comienzan a tomar decisiones sobre sus vidas.
   Tiene un registro casi de crónica urbana. Con el claro objetivo, entre otros, de representar una época, los noventa. Aparecen los recitales en Cemento, toda la música, las películas, los capítulos de los Simpsons como fábulas que explican cuestiones de la vida, los remises y los maxiquioscos, Menem, la filmación de Caballos Salvajes.
   Está escrita, como dije, en capítulos cortos, y con mucho diálogo. Allí reside, creo, la dificultad. Son como textos cerrados en sí mismos, que cuentan una pequeña historia y hacen hincapié en algún detalle y terminan, para pasar al próximo. Esto le quita unidad al texto, sumado a que la historia es muy sencilla, por momento parece que leemos textos independientes, y no una novela. Los personajes no alcanzan complejidad. La historia no tiene un motor claro. Es como si se describiera un estado de situación, y no se contara una historia.
   Además creo que su estructura tiene un defecto, la novela va ascendiendo hasta la mitad, más o menos, en la búsqueda de Vero, la novia de Eric; y luego decae, cuando vuelven a la ciudad. Después se pone otra vez interesante, y queda casi en la nada hacia el final.
   Una novela con muchos atractivos. Y creo que con algunos defectos.
   Mis críticas se diluyen si vemos el texto no como una novela, sino como una crónica con algo de ficción. (Como toda crónica, pienso.)
   Tanto escándalo y al final no era tan grave. Las he escrito peores, y sin poner una sola excusa. Ahora me da un poco de vergüenza haber dicho tanta cosa al principio.

domingo, 8 de enero de 2012

Bilbao-New York-Bilbao, de Kirmen Uribe, Seix Barral, 2009, Barcelona.




Diario de los viejos pesqueros vascos

   Kirmen Uribe es un escritor Vasco, tiene un libro de poesía titulado Mientras tanto dame la mano, de 2001, que fue Premio Nacional de la Crítica. Se dedica a trabajar la poesía con otras disciplinas, es traductor, y escribe para The New Yorker. Esta novela es la primera que escribe y con ella obtuvo en España el Premio Nacional de Narrativa 2009.
   Es un texto que tiene todo lo que a mí no me gusta, y sin embargo no pude dejar de leerlo por un minuto y terminarlo de un día para otro. ¿Cuáles son esas cosas que no me gustan? Lo más importante, que el protagonista es un escritor llamado Kirmen Uribe, y todo lo que se cuenta es sobre su familia, y la historia de ellos y sus amigos en el pueblo pesquero de Ondarroa. Se narra también sobre la vida del escritor, congresos, viajes. No hay una historia. Y se lo hace con textos cortos, casi nunca literarios.
   Entonces, lo dicho. Así y todo, se trata de un libro muy bueno.
   ¿Cómo es posible?
   Lo primero que no es una novela, es un diario, el diario de una investigación de la historia familiar y sus alrededores. Una crónica gigante escrita por quien conoce el oficio de las palabras.
   Y además creo que hay un tema de honestidad y sentimiento.
   También de saber apreciar los detalles y buscar el momento en el que todo empezó, el origen de las cosas, como un diccionario de la vida. Entender a qué se refieren no sólo las palabras en el hecho de nombrar, sino las tradiciones, los gestos, los sentimientos, las maneras de ser de los familiares.
   Cuando Kirmen indaga sobre su familia el lector cree que va descubriendo la verdad con él. Y esos relatos orales son un punto fuerte, llenos de emoción, de historia de vida. La vida de un pescador no es una pavada, siempre hay pobreza, miedo, muerte, ausencia. Y el mar. Heroísmo. Aventuras. Y fueron pescadores su padre su abuelo. Sus tíos. Y mujeres de pescadores las de su familia. Es lo mejor.
   Después están los textos sobre Kirmen como escritor, pero sin soberbia, casi todos con el ojo puesto en historias que cuentan otros escritores. Poetas contando historias.
   Y después, a lo largo de todo el texto (me cuesta llamarlo novela), la historia de dos amigos, Bastida y Arteta, un arquitecto y un pintor, de quienes también se reconstruye su historia. Y se habla de sus obras.
   De los textos que se transcriben, quiero hacer una lista. Hay poesías, canciones, una sinopsis de una película, entrevistas, mails, resultados de búsquedas en google, partes de un diccionario de pescadores vizcaínos, un referencia a una anécdota que se cuenta en el libro Historia de Herodoto del siglo v a.C, cartas personales de Bastida a Arteta del año 1929, mensajes de facebooks, el relato de una compañera circunstancial de avión sobre un barco que llevaba esclavos a Estados Unidos, una historia de un libro de Italo Calvino, y hasta la reproducción del mural de Arteta “En la romería I” del año 1917-1918.
   Y a pesar de todo, no molesta para nada semejante conjunción de textos tan diversos. Es que tiene que ver con lo que decía antes, con la honestidad de la búsqueda y con los detalles. Hay algunos muy lindos. Que el euskera parece el mapa de un tesoro. Dos señas hechas con las manos, que ya casi nadie conoce. Dos niñas hablando ese idioma a punto de perderse mientras cazan mariposas. Una anécdota sobre la guerra de Malvinas y el idioma en las trincheras. La historia de un buzo vasco. Sobre cómo entierran los muertos en Käsmu, un pueblito de Estonia.
   En fin, recomiendo con énfasis este libro. Le va a gustar a mucha gente, y también a los poetas. Es la mirada de un poeta. Una mirada atenta al mundo que nos toca, que busca en las cosas simples, que busca en el origen, y que encuentra.

martes, 3 de enero de 2012

Los mantenidos, de Walter Lezcano, Editorial Funesiana, 2011, Buenos Aires.


El gran Buenos Aires sur 

   Lo primero que quiero decir es que he leído dos libros de esta editorial y ambos me parecieron muy buenos, uno de poesía de Lamberti, y esta novela de Lezcano. Y los dos tienen ese no sé qué de editorial artesanal. En los tiempos que parecen aproximarse, del libro digital, uno cosido a mano, entelado, numerado, con una cinta como marcador, es una delicadeza a la que todo lector debería aspirar.
   Se trata de una novela que inaugura una colección titulada El futón de Alfio Basile, a cargo de Lucas Oliveira, entiendo que contendrá textos más largos, creo que novelas.
   El texto está dividido en tres partes, dos más extensas, la primera y la segunda, y una muy breve con la que se cierra el libro.
   En Soledad, las primeras 73 páginas, Sebastián Ledesma, narrador y protagonista, cuenta su vida desde el momento en que decide dejar la casa en la que vive con su madre. Ella se enamora de Mauricio y lo invita a su hogar. Sebastián consigue una casilla en el patio de un amigo, y trabaja, al principio, de albañil, y luego de repartidor de diario. No hay casi conflicto más allá de un pelea en la que su amigo, drogadicto, sale muy lastimado con consecuencias mentales; y el extraño incidente del que no se dan muchos detalles acerca de la sospecha de que su patrón es un violador serial.
   La primera parte culmina cuando Sebastián descubre el mundo de los libros y la posibilidad de reiniciar su vida estudiando la carrera de Profesorado de Lengua y Literatura. Se presenta y aprueba el examen de ingreso.
   En Multitud, de 63 páginas, Sebastián ya no es el narrador. En tercera persona se cuenta la vida de los alumnos de un curso de séptimo de una escuela de barrio. La ausencia de profesor de Lengua lleva a Sebastián a encontrarse con ellos. Entre los alumnos hay una hija de un desempleado que se pasa los días mirando páginas pornográficas y que antes iba a una escuela privada, dos hermanos que tienen un hermano mayor preso en Batán y van a la escuela porque no quieren terminar siendo delincuentes, una madre que trabaja limpiando casas y sospecha que su hijo se dedica a robar. En ese contexto Sebastián Ledesma intenta captar la atención de sus alumnos pero un acontecimiento desafortunado lo hace fracasar y la autoridad del colegio no le renueva la licencia.
   Un párrafo aparte para la situación amorosa del protagonista. En la primera parte se lo muestra llena de timidez para acercarse a las mujeres, y en la segunda dejando atrás una relación en la que llegó a convivir con una mujer. No hay historias de amor, y cuando aparece es sólo un recuerdo.
   En la tercera parte, Compañía, se cuentan cuatro breves pasajes en la vida de cuatro de los personajes. Una alumna que queda embarazada y su amiga y su hermano la ayudan. Otra alumna, la que asistía al colegio privado, encuentra en un tercer colegio la música que le gusta. El hijo de la empleada doméstica, recibe la noticia de que sus amigos se han vengado contra el policía que de un balazo le sacó un ojo. Sebastián Ledesma, a la muerte del marido de su madre, recupera la casa que reclamaba como propia. Tristes compañías, de una realidad triste.
    Lo que menos me gustó es que no haya una historia bien definida, sino más bien una descripción de la situación. Por eso, cuando aparecen algunos sucesos, como lector me quedo con ganas de más. Porque aunque hay veces que está bien trabajar con lo que no se dice, no está bien como regla. Hay al menos tres eventos de los que querría haber sabido más. Sobre el asesino de ancianas, sobre cómo se hizo de novio Sebastián si no podía ni hablar con las mujeres, sobre el asalto en el que Fito perdió un ojo Cuando narra hechos así, como la paliza a su amigo y su internación, el texto crece mucho. Será que soy de pensar que la literatura tiene algo que ver con lo excepcional. Pero, claro, quizás sea una apreciación personal.
   También me molestó un poco el final, esa necesidad de darle un cierre, la tercera parte suena a agregada, no parecía tan necesaria teniendo en cuenta que se trata de una novela que describe más que nada. Esas cuatro historias bien podrían estar incluidas en el segundo capítulo, porque no son finales. Y sobre todo la de Sebastián, con esa especie de recurso meta-literario en el cual él empieza a escribir el texto que estamos leyendo.
   En resumen, creo que es una buena novela, barrial, profunda, atenta, considerada. Sobre la dificultad de convertirse en adultos trata el primer capítulo, y sobre los problemas de la educación en el contexto de la pobreza y la marginalidad el segundo. Sin sermones, sin golpes bajos, con las grandes tristezas de las personas, y con las alegrías, que siempre son más pequeñas. Honesta, y de alguien que sabe sobre lo que está narrando. Y hay que decir que es muy buena, si tenemos en cuenta que se trata de la primera novela de este autor.

lunes, 2 de enero de 2012

Padres, hijos y primates, de Jon Bilbao, Salto de página, 2011, Madrid.



Estilo España

  Es un escritor joven español del que ya había oído antes. Joven, no sé, el año próximo cumplirá cuarenta. Creo que sería joven. Ahora acaba de publicar esta novela, bastante elogiada. Es ingeniero y licenciado en filología inglesa. Tiene dos libros de cuentos y una novela del 2008 que se titula El hermano de las moscas.
  Es una novela rara. Escrita como a mí no me gustan mucho, muy formal, en tono bastante neutro, casi sin licencias, ni metáforas, ni comparaciones, mucha descripción sosa, un lenguaje llano, un narrador muy prolijo.
  Primera reflexión, textual, del cuaderno de mis notas:
  “Un día discutimos en un taller sobre los personajes y sus características. Alguien decía que es muy difícil que el personaje principal fuera un oficinista, porque no les pasa nada. Citamos ejemplos contrarios, que obviamente hay. Porque entre los que andamos en literatura es un vicio el ejemplo en contrario.
  Algo similar creo que ocurre con el libro de Bilbao. Voy leyendo por la página 76 (de 160), digamos casi la mitad, y no sucede nada. Joanes, el protagonista, trabaja en una empresa de aire acondicionado. Fue alumno de ingeniería, se casó, una hija, un suegro pesado. Nada. Lo único, que está en México y huye de un huracán. Pero nada. Y lo peor de lo que sería una larga introducción, es que da a pensar que todo será así. Que ya pasamos de la introducción y no aparece el conflicto, ni nada“.
  Para ser justos el libro mejora luego. Como si hubiera ido preparando el terreno para dar el golpe, pero el asunto es llegar hasta allí.
  Lo bueno comienza, creo, en la 126. Un negro de dos metros entra en una construcción abandonada donde han ido a parar Joanes, su exprofesor y la mujer de éste. Todos huyen del huracán, pero el negro trae un machete en una de sus manos y una cadena en la otra, de la cual va atado un chimpancé. No diré más. Ya que desde entonces comienza lo mejor. Antes hubo algunas páginas interesantes, en un hotel lleno de mexicanos, pero tampoco tanto.
  Lo que digo, entonces, es que parece poca materia para una novela, poca historia. Como si fuera la historia apropiada para un cuento. He pensado en eso, y en otros textos que se parecen, cuentos llevados a novelas. Los dicho, ejemplos hay para todos los gustos.
  Una última cuestión en la que quiero detenerme es en el recurso que tiene todo escritor de forzar un poco la historia a través de la casualidad como detonante de la historia. En este cado hay un abuso de ese recurso. Recuerdo un diálogo de una película, en el que un anciano guionista le cuenta a una amiga más joven cómo hacía para inventar un encuentro en el que dos personas que se conocían. Decía: “Estaban las dos en una tienda, comprando un piyama, la mujer pedía la parte de arriba, el hombre la de abajo, se miran, ya está”. Hasta ahí está bien, creo, hay una necesidad de cierta delicadeza.
  El protagonista, Joanes, se encuentra en una carretera interior de México con un viejo profesor suyo de ingeniería pidiendo que lo lleven. Se trata de la persona a quien culpa del fracaso profesional de su vida. Es esa la primera, en la segunda, Joanes atropella a chimpancé hembra andando en un camino en medio de la selva Luego será el animal que anda buscando aquel negro que entra en medio de la noche a la ruina. Parece demasiado.
  A pesar de tantas críticas, es bueno asomarse a otro tipo de literatura. No tan pretenciosa como muchas veces es la de autores jóvenes argentinos. Muy dispuesta a contar una historia, a que esa historia se entienda, y a que signifique algo más. Y las últimas paginas, cuando hay conflicto y diferencias, el asunto se vuelve muy jugoso. No es mucho, no es poco.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

En cinco minutos levántate María, de Pablo Ramos, Alfaguara, 2010, Buenos Aires.
La Ley de la ferocidad, de Pablo Ramos, Alfaguara, 2007, Buenos Aires.
El origen de la tristeza, de Pablo Ramos, Alfaguara, 2004, Buenos Aires.


Tres novelas y una familia


No ocurre muy seguido. Y me parece que es una cosa buena poder hablar de un escritor después de haber leído sus tres primeras novelas. En el brevísimo plazo de seis años Pablo Ramos ha publicado algo así como 700 páginas de una historia, contada desde puntos de vista bien distintos. En El origen, desde la infancia; en La ley, desde el personaje central en un momento crucial de su vida, y por último en María, desde la subjetividad de la madre.
Nombro así las novelas porque así se refiere a ellas su autor cuando le preguntaron por el tema de cada una. Las definió diciendo que en El origen el tema es la felicidad, en La Ley la soledad y la desesperación, y en María la esperanza. No me gustan las declaraciones pero sirve en esta oportunidad para hablar un poco de la historia de Gabriel, el verdadero protagonista de la saga familiar.
El origen de la tristeza es una novela corta, que se divide en tres partes, y parece estar construida como un conjunto de cuentos con cierta continuidad. Un texto a medio camino entre el cuento y la novela. Episodios que narran la infancia de Gabriel y su hermano Alejandro en el creciente Barrio El Viaducto de Sarandí a mediados de la década del setenta y principio de los ochenta. La vida de su familia de clase trabajadora alrededor de un taller de tornería con problemas económicos; las pequeñas historias de cada uno de los integrantes de la barra Los pibes; el incendio del arroyo después de una gran lluvia; una excursión de la barra en busca de vino y sexo; la relación de Gabriel con Fernando, un vecino músico y homosexual; y con Rolando, el cuidador de tumbas del cementerio. Un texto que muestra, más allá de los tristes episodios de algún personaje secundario, como dice el autor, una etapa de felicidad, aunque el título diga lo contrario. Me hizo acordar a esos extraños y sublimes momentos en los que Fabián Casas narra su infancia en Boedo.
La ley de la ferocidad es sin dudas su mejor texto, con diferencia, y quizás una de las mejores novelas que he leído de entre todas las que han escrito los autores jóvenes en estos últimos años. Como si el tipo de la tapa nos pegara en medio de la cara con esos guantes rojos. Soledad y desesperación, está bien dicho. Gabriel es un adulto, muy exitoso en los negocios, al que se le muere el padre y desde el desorden de la droga y el alcohol en el que se encuentra su vida nos cuenta el odio, la tristeza, sus relaciones familiares, el fracaso de sus matrimonios, algún recuerdo de su juventud. Un texto potente, “una obra maestra”, “una magnífica novela”, dijo Fogwill en su momento. Y también está bien dicho.
Antes de comentar En cinco minutos levántate María, quisiera detenerme y citar otra vez a Fogwil hablando de Pablo Ramos: “escritor hipersalvaje y que tendría que darse cuenta que se puede convertir en un escritor de primera línea si acepta ciertas reglas del juego y si aprende a controlar y analizar sus textos”. Qué buen elogio, y qué difícil de recibir. Porque creo que con la última novela Ramos puso en juego muchas cosas, y perdió, claro.
En cinco minutos levántate María es la peor de las tres. Y eso no significaría mucho, porque con las otras dos la medida es exigente. Es una novela peor que muchas. Es aburrida, tediosa, que no narra: explica. Dan ganas de dejarla a la mitad. No porque su materia es mala, es la misma que en las otras dos, y muchos de sus episodios son buenos, creo que el defecto grande es la forma. La madre de Gabriel, María, ya vieja, repasa su vida antes de levantarse. No tiene el texto una historia, más que la ecléctica enumeración de los recuerdos de una mujer. Además está cargado el relato de detalladas referencias al momento preciso en el que María está en la oscuridad de la habitación, lo que escucha, lo que no ve, lo que presiente. Muy aburrido.Creí en un momento que no me atrapaba como lector porque no se lograba construir una subjetividad femenina, como si todo el tiempo se adivinara la voz de un hombre detrás de la mujer que cuenta. Pero quizás no sea eso. Quizás fue que cayó en la trampa de imponerse una trilogía cuando con los dos primeros libros la historia estaba bien contada. También pensé que no funcionaba porque por primera vez en la serie el escritor narraba sobre un tema que no conocía, o no tan bien como en las dos novelas anteriores. Y lo digo porque Ramos mismo ha dicho que los textos son bastante autobiográficos. Luego volví a lo dicho, a lo difícil que ha de ser mantener el nivel después de una novela excelente. Pero cuando leí esa frase de Fogwil, me golpeó el hecho de reconocer que una cosa es ser un buen escritor, y otra dar un paso más allá. No es para cualquiera. No cualquier persona está en condiciones de optar a esa posibilidad. Ser una de ellas debe sentirse bien. Y debe asustar.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued, Anagrama, 2009, Buenos Aires.


La luz del interior

Evito leer los comentarios sobre esta novela intentando decir algo original. No creo que sea posible. Parece que lo que comenzó siendo la aventura de enviar un original al Premio Herralde 2008, terminó en una legión de lectores rescatando el texto como uno de los más importantes escritos en Argentina en los últimos años. O al menos uno de los más elogiados y citados.
Es una novela corta, muy corta. Poco más de 170 páginas, divididas en 41 capítulos cortos, que algunas veces no llegan a una página. En conclusión, se lee en una sentada, o en dos. No tiene una trama muy compleja, es la historia alrededor de la cual podría escribirse un cuento.
Un resumen. Todo comienza cuando a Cetarti lo llama Duarte para decirle que Daniel Molina, un amigo suyo, ha cometido un crimen y se ha suicidado. Molina, pareja de la madre de Cetarti, la mató junto a su hermano en Lapachito, un pueblo de Formosa, donde viaja a cumplir con los trámites. Luego Cetarti regresa a Códoba. Entonces se cuenta su historia, y en paralelo la de Danielito, el hijo de Molina, y secuaz de Duarte, quienes se dedican al secuestro de personas. Las historias se unen al final en un extraño accidente.
No hay un policial porque el crimen se resuelve en un escritorio tras llenar un formulario, no hay investigación, ni interrogantes, nada. No hay amor, todo parece girar en torno al dinero y su búsqueda. No aparece la ciudad de Buenos Aires, todo sucede en el interior, de Formosa a Córdoba. No hay mujeres, salvo la madre de Danielito. Casi no hay sexo, más que unos videos pornográficos.
Es una novela construida con otros elementos, algunos no habituales. De los conocidos, la marihuana, en todo momento, en casi todos los personajes, poniendo esa distancia y distorsión en la percepción de las cosas que tantos escritores quieren repetir en el texto. Y después, creo, lo más interesante, esos tres o cuatro personajes marginales, corridos de la sociedad, hijos de una educación distinta, militar en el caso de Duarte y Molina, de hijos de militares en el caso de Danielito. Personajes como Cetarti, en proceso de degradación, sin trabajo, sin familia, sin auto, sin dinero; o como su hermano, encerrado entre basura, solitario. Una mujer abandonada, la madre de Danielito. Un hijo que olvida las cenizas de su familia en el baúl del auto, otro que las arroja por el inodoro. Muchos fuman mucho tiempo, comen lo del día, pizza, Coca Cola, miran videos de animales, de guerras o de investigaciones históricas en tv. Releen revistas viejas. Tienen mascotas. Todos sufren hechos aberrantes, y varios son capaces de provocarlos. Nunca suena en el narrador una alarma ante esos hechos. La sorpresa, el asombro, la tarea de rescatar algunas escenas, parece ser la tarea que el lector debe cumplir. Es una buena distribución de los roles. Y ese me parece el mérito más grande del texto.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El asesino de chanchos, de Luciano Lamberti, Editorial Tamarisco, 2010, Buenos Aires.
San Francisco / Córdoda, de Luciano Lamberti, Editorial Funesiana, 2009, Buenos Aires.

Después de tanta búsqueda, cuando creí que todo estaba perdido, encontré a Lamberti, y por partida doble. En Eterna Cadencia el libro de Tamarisco, en casa del editor el de La Funesiana. No he reseñado mucha poesía pero creo que valía la pena intentar hacerlo por este hijo de carniceros cordobeses que todos elogian.

San Francisco / Córdoba, o el detalle de los buenos versos

Me resulta difícil porque la poesía pareciera condensar, y la narrativa es el movimiento contrario, extender. Por eso reseñar un libro de poesía también es complejo. ¿Para qué extenderse en una explicación aburrida de una idea cuando en los versos está la mejor versión, concisa y hermosa? En fin, veremos cómo resulta.
El libro se divide en cuatro partes. En la primera “San Francisco”, diecisiete poemas cortos conforman un cuerpo que parecen el resumen de libro de cuentos. Versiones poéticas de historias de pueblo del interior argentino. Para ser más exactos son historias, o los restos que deja una historia, o solo un momento, o solo un lugar. Así, en se cuenta sobre un profesor de karate, sobre el tonto del pueblo, sobre los preparativos de un padre que caza, sobre la visita de un alemán con su serpentario, sobre un accidente en Navidad que termina en el hospital, sobre la pileta del club, sobre los chicos que juegan en la calle, sobre el viaje en bicicleta a la escuela, sobre el suicidio del abuelo.
Es una enumeración tediosa, pero significativa para describir el mundo que es materia de la poesía de Lamberti en esta primera parte. Luego, en la segunda, “ Córdoba”, un poema largo de cinco páginas, esa mirada sobre el mundo de la ciudad, a pesar de ser similar, ya está distorsionada, apenas desfasada en una superposición de imágenes, sonidos y personajes, entre los cuales se puede identificar a un inmigrante de San Francisco que escribe poesía.
Luego hay un cambio notorio en la tercera parte, “Buceo en aguas cálidas”, un poema de más de dos páginas donde un lago es visto desde la orilla y luego desde el fondo del agua. Y ese cambio continúa en “La bañera”, dividido en seis partes o poemas cortos. En ambos las historias pasan a ser un detalle, un origen lejano, y lo esencial, el hombre y la naturaleza, irrumpen en un primer plano.
Un buen libro de poesía, que interpela a los lectores de hoy. Anoté algunos versos que me parecieron dignos de ser copiados porque muchos son una historia en sí mismos, o porque encuentran detalles preciosos en los lugares menos pensados.
-“ lluvia de liebres nuevas entre los surcos”. - “el olor a aceite de la escopeta”. - “las fotocopias se velaron como los ojos de un ciego”. - “una marca de agua en el espíritu”. - “Tenías en vos un parásito mortal”. - “Teros metafísicos cuelgan gritando del aire”. - “Sus rodillas eran piedras pulidas”. - “Y los perros lo llamaron toda la tarde. / Lo olían, horizontal, sobre el pasto.”. -“Resentirse como una fruta”. – “Estoy de un salto en mí. Salto hacia mí / desde fuera. Salto afuera del círculo. / Salta lo que soy dentro mío.”. (Muy Pizarnik, ¿no?) – “Soy uno de los que tiemblan bajo las hojas”. – “Uno en la bañera en la que flotan tus criaturas”. – “Quienes nacen en una selva de chillidos”. – “En cuclillas, hago planes”.

El asesino de chanchos, o cómo armar una metáfora

De extraña manera será más breve, creo, la reseña de los cuentos que la de las poesías.
El material es el mismo, ese interior agreste de un pueblo cordobés, sus historias trágicas, tristes, sus paisajes, los jóvenes que no encuentran el rumbo, o un rumbo de trabajo y pobreza, las charlas, gente solitaria, las conversaciones, las vacaciones, el calor del verano. Un conjunto de nueve cuentos que dejan en el lector la sensación que aquello de lo que quiere hablar Lamberti nunca será más que sugerido. En casi todos los textos se presenta un historia y luego otra, pero nunca el nexo que las unirá y les dará un sentido; como un metáfora inconclusa de la que se nos presentan las dos partes que el lector deberá relacionar.
En El asesino de chanchos, un joven huye de su casa en el interior a vivir con una amiga de la ciudad que terminará abandonando. El asesino es una noticia de los diarios. En Agua Viva una pareja en crisis invita a unos amigos de vacaciones a las sierras. El invitado descubre un vecino que huyó de Buenos Aires después de una tragedia y cría truchas. En Febrero, también en vacaciones y en las sierras, un hombre solo termina provocando un incendio y aparecen las fotos familiares de la mujer que le alquila la habitación. En La tortuga, unos amigos conversan en los días aburridos del pueblo, se cuentan historias extrañas, sobre un ovni, sobre el extraño clítoris de una gruppie de los Redonditos, sobre el capo de un internado, sobre la desaparición de una tortuga de dos metros en un patiecito sin tierra. Y en Una visita al señor, una abuela enferma y su nieto viajan a la casa de un sanador en medios de las montañas, pero el milagro marca más al nieto.
Hay otros cuentos que narran una historia más sencilla. En Una casa llena de insectos, un empleado de albañil que vive solo encuentra un perro que le cambia la vida. En Monocigótico, dos medio hermanos de familias paralelas viven unos días juntos. En El Arquero un joven que no sabe qué hacer de su vida decide aceptar la invitación de su hermano a una cena para conocer a una mujer. Y en El cazador, los galgos, la liebre; se suceden una serie de historias muy breves, casi descripciones, referidas a cazadores, a la loca del pueblo, a un niño con seis dedos, a otro sordomudo, y a una artista madura.
Es un libro corto pero intenso, cargado de historias, de personajes, de ideas, de buenos detalles. Cuentos bien contados, intrigantes, tensionados entre una sencilla historia y esas extrañas conclusiones a las que queremos arribar cuando nos encontramos ante algo que no sabemos cómo sería preferible explicar.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Poeta ciego, de Mario Bellatin, Mansalva, 2010, Buenos Aires.
Pájaro Transparente, de Mario Bellatin, Mansalva, 2006, Buenos Aires.



El asesino prófugo

Bajé en Retiro. ¿Por qué la Estación de Retiro está escondida en la Ciudad de Buenos Aires? Ya llegó el colectivo y todavía hay que atravesar un laberinto hasta encontrar la Terminal. Lo más curioso son los camiones que van por la mano contraria. Muchos con conteiners. Algunos, largos, con apenas dos rollos de láminas de acero. Parecen vacíos, se mueven pesados.
Los alrededores de la Terminal son una feria. Todos venden algo. Alfajores, bebidas que se enfrían en roídas cajas de tergopol, las marcas más conocidas en sus peores versiones pero a los mejores precios. Muchas cosas para celulares, muchos panchos sobre cartoncitos, mucho movimiento. Las personas comen mientras caminan, hablan con familiares lejanos mientras caminan, escuchan a otros, que desde un estudio climatizado creen sacarles una sonrisa.
Voy hacia el norte. Busco el barrio de Palermo. Algunas librerías cuya dirección copié de la página de Tamarisco. Estoy dispuesto a hacer lo imposible. La Barca libros, sobre Scalabrini Ortiz, frente a una placita. Lo busca en la computadora, frunce el gesto. No puedo evitar mirar las estanterías. Una mujer elige libros para su hijo, otra pregunta por una guía de New York y le ofrecen cuatro distintas. Es imposible mirar, todos los libros amontonados, y hay poco espacio, cuando giro entre las mesas siempre hay algo que mi mochila está a punto de tirar al piso.
La próxima se llama Lilita libros, sobre Santa Fe. No está. Se mudó a calle Paraguay. La persigo. La encuentro. Tiene muchas editoriales independientes, pero El asesino de chanchos no aparece. Hay una mujer, joven, en cuchillas, buscando algo en el estante de abajo. Mientras miro, le pregunta como diez veces al librero, desde filosofía hasta medicina y cocina. Ya lo tiene cansado, y sin embargo responde con amabilidad. Pero cuando es mi turno apenas contesta, sí, no, me cobra. Compré una novela de Incardona porque la librería es muy linda. Seguro voy a volver algún día.
Pensaba subir hasta Eterna Cadencia, y una que no conozco que se llama Perros y Románticos, ambas en calle Honduras, pero estoy agotado de caminar. Trazo un recorrido sobre la Guía T. Desemboco, sin querer, en El Salvador y Gascón: La Internacional Argentina. Rodeando el mostrador, pilas de libros de Editorial Mansalva. Los conozco. Una amiga me había prestado cuatro o cinco, pero no los leí, uno era de Aira. Pregunto por El asesino de Lamberti, porque tienen casi todos los de la editorial. No lo tienen. Me tientan las novelas, pero prefiero comprar los de Bellatin, que algunos dicen que escribe muy bien. En la otra mano tenía los de Bizzio, ya volveré, pienso. ¿Será verdad?
Después, un amigo llama a un amigo del autor. Le pide que traiga un ejemplar. Nunca llega, ni el libro ni el amigo.

Escritor prófugo

¿Dónde está Bellatin? Anda por ahí, y vive enviando novelas a las editoriales desde países lejanos: India, Alemania, Perú, México. Ya ha publicado más de veinte. Hijo de peruanos, mexicano, creador de una escuela de escritores donde no se escribe, fotógrafo, artista plástico, curador, organizador de eventos y obras de teatro. Muchas veces pasa por Argentina.
La introducción es tan larga porque el comentario es muy corto. Es que no me gusta la literatura que le gusta a Bellatin. Como la de Aira, por decirlo de algún modo, con quien suele compartir editorial. Una literatura en la que lo importante no es la historia, ni los personajes. Es literatura sobre otra cosa. Quintín elogia mucho Poeta ciego: “sus personajes se aman, se traicionan y se matan como en una tragedia enrarecida y barrial de Shakesperare”.
Poeta ciego, publicada por primera vez en el año 1998, trata sobre un niño que se vuelve una especie de profeta y líder de una secta, que luego, al morir el fundador, se convertirá en un grupo aún más radicalizado. En Canon Perpetuo, del libro Pájaro transparente, sucede algo similar, una mujer vive en un régimen estatal opresivo en el cual la persiguen en su edificio y en la Casa de las Voces. Parecidas las historias, ambas creo que aburren.
Los otros dos textos, Bola Negra y La mirada del pájaro transparente, son superiores a mi criterio. Más logrados, también ubicados en el extranjero, en un remoto país de oriente, y en Japón, cuentan historias que entretienen al lector y tratan los mismos temas que las otras: el dolor, el ascetismo, la libertad, el amor, la muerte, los libros. En el tono de una sencilla fábula casi siempre oriental, al menos en estos libros, se logra un efecto superior. Lo raro es ser un escritor raro es el último texto, especialmente escrito para este volumen, que se refiere al propio escritor y su oficio, parece reducir su público a la gente dedicada a la literatura.
Es una sensación extraña, porque durante la lectura los dos primeros textos llegué a pensar en el abandono, y sin embargo luego, sobre todo con Bola Negra, retomé la esperanza en los libros Bellatin, cosa que no sucede con muchos autores después de terminar un libro.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Porrovideo, de Jorge Alfonso, Casa Editorial Hum, 2009, Montevideo.



Las calles de Monte video

Es un extraño libro de cuentos, que podría leerse fácilmente como un texto más largo, casi una novela, si se quitaran los títulos, el cierre de cada texto. Es que los personajes son siempre los mismos: el principal, un tal Jorge Alfonso que cuenta las historias, y luego sus amigos, Javier, Tato y Julio. Después, “el resto es selva”, como reza el epígrafe de Guillén en la primera página: vecinos, parientes de amigos, un cartonero con un caballo blanco, vendedores de droga, patrones, compañeros de trabajo, desconocidos. Todo en el contexto un Montevideo algo extraño, alucinado, nocturno, lluvioso, marginal, claustrofóbico, visto a través de los ojos de la marihuana, la cocaína y el alcohol.
Quizás el mayor defecto del libro sea la cantidad de cuentos que contiene, diecisiete en total. Parecen muchos. Hay algunos más extensos, y otros de apenas una página. Entre los primeros están los mejor logrados. El primero “El aire del barrio”, donde se presentan todos en un evento singular que incluye el funeral de una rata al pie de un árbol. “Ingeniería de las naranjas salvajes”, que narra, en partes, los días en los que el escritor Alfonso trabaja en una empresa, al tiempo que podemos leer las poéticas anotaciones de su libreta. “Soledad a la manera de Chéjov”, donde la madre de un amigo, que mezcla whisky con pastillas, termina confesando sus más profundas angustias. “En busca del elefante blanco”, donde se cuenta una excursión a comprar cocaína en medio de la noche junto con un peligroso desconocido. Y “Pasando la lengua por la tristeza y tragando”, quizás el mejor, donde Alfonso y Andrés, esperan en la “amósfera” de un bar perdido, y luego caminan hasta una panadería a comprar medialunas.
Entre los más cortos, hay algunos que se destacan, como “Amor de los pobres hombres pobres”, que comienza como un típica discusión sobre el tamaño de los penes, aunque desde el punto de vista de una mujer, y termina en una tierna historia de amor. “El fiambre de cada día”, en el que el protagonista no puede parar de reírse frente a un almacenero que corta salame con una vieja máquina. “Navidad con gata anaranjada”, que culmina con una gatita muerta colgada de una cinta roja en la puerta de emergencias de una veterinaria.
También hay una serie donde el candombe y los tambores, son importantes: “Mi hermano y yo y la noche triste”, “Cómo se baila el candombe” y “El candombe final”.Entiendo que es un libro para recomendar. Los cuentos están bien escritos, buscan contar algo más que la simple historia; aunque muchas veces el narrador cree, equivocadamente, que eso que buscan los personajes se halla en los momentos mágicos que hay tras las drogas. Y es justamente eso lo que cansa.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Corona de flores, Javier Calvo, Mondadori, 2010, Barcelona.








Hace un año ya sabía de este libro, bastante elogiado por otros escritores. En ese momento lo encontré en una librería de Palermo, solitario, pero su precio era demasiado alto, y ahora resulta que lo venden a la mitad de entonces. De todas formas el costo de los libros es un asunto del que se discute en todas partes, ya que en Argentina son tan altos como en Europa. Acaso tenga que ver con que las ediciones son tan pequeñas y no es posible hallar otra solución para que los lectores puedan acceder con mayor facilidad a los libros, y los escritores a nuevos lectores.


Oscura y brillante Barcelona


Tengo que decirlo alguna vez: Me gustó esta novela. Contra mis propios prejuicios, aumentados al leer las primeras páginas, cuando me encontré con una historia de época, debo decir que ha sido una lectura agradable, algo inquietante, bien contada.
Calvo narra una historia que ocurre en Barcelona en el año 1877. Lo que ya es decir algo. Es todo un trabajo. El contexto, aquello que en cualquier novela de hoy se da por entendido o se explica con unos pocos detalles, está delineado por el autor de Corona de flores en base a documentos, o bien ficcionalizado pero siguiendo determinados rasgos. La arquitectura de la ciudad, la organización política y policial, el diseño interior de los hogares, la forma de vestirse de las personas, las armas, las cárceles, todo está en concordancia y en su justa medida, cuando el autor fácilmente podría excederse, tapando la historia o volviéndola muy lenta.
Otra cuestión en la que quiero detenerme, con respecto a la influencia de la época en que se sitúa la historia, es el condicionamiento que ello supone en un aspecto de la escritura como lo son las comparaciones, las metáforas, los recursos más literarios del escritor. Se vuelven por necesidad más comunes las referencias a la naturaleza. Es extraño, porque es algo textual, impuesto desde el texto, ya que lectores y autores pertenecen a otro tiempo que el de la novela (y gran parte de los lectores también a otro lugar), y sin embargo el verosímil impone condiciones. Hay algunos pasajes muy logrados, como la escena donde una multitud se agolpa a las puertas de la imprenta, y el dueño es llevado como un objeto por el mar, al tiempo que pierde un zapato; y en esa multitud, los niños juegan entre las piernas de los adultos como si lo hicieran entre árboles.
Con respecto al género, se podría decir que es un policial, o así comienza, buscando el asesino que aterroriza Barcelona con los llamados Crímenes de la Esperanza. Hay un inspector de nombre Semproni De Paula y su sanguinario ayudante Blai Boamorte, que solicitarán la ayuda de un antiguo médico policial encerrado por asesinato, el Trasgo, Menelaus Roca, verdadero protagonista de la historia, y sin dudas el personaje más logrado. Un gran acierto de la novela, que el mejor personaje sea el protagonista, el más profundo, el más inquietante. Es de quien más quiere saber el lector, y por extraño que parezca esto, no siempre los mejores personajes son los principales.
Después aparecerán muchos personajes secundarios, casi todos masculinos, un escritor de folletines que en esa época se confunden con historias reales; un adinerado diplomático de la alta sociedad que parece estar detrás de todo el asunto, un delincuente travestido que gobierna lo bajos fondos, un grupo de niños disfrazados con ropas circenses que circulan por la ciudad y sus catacumbas; un viejo inspector que caza osos, un médico especialista en venenos. La ausencia de mujeres, y de romance, es otra de las características de la historia: apenas una mujer niña que convive con Roca, deformada, y en el otro extremo la exuberante mujer del inspector que no piensa más que en estar con su amante, otro policía.
Una buena historia, con varias vueltas de tuerca, ya que cuando todo parece resolverse la trama da un nuevo giro. Personajes logrados, historias secundarias interesantes, el oscuro pasado profano amenazante en medio de un futuro industrial que ya comienza. Buenas razones para recomendar su lectura.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Gramática de la sombra, Jorge Consiglio, Norma, 2007, Buenos Aires.
El perseguido, Daniel Guebel, Norma, 2001, Buenos Aires.



Cuando me enteré que Norma dejaba de publicar ficción revisé entre los libros por leer, y había dos. Consiglio y Guebel. Ambos, recomendaciones del atento librero y editor de Eterna Cadencia. Ambos postergados desde hace tiempo. Me gusta que hayan pasado unos años desde su publicación (cinco y diez), para ver cómo se llevan con una lectura actual.


Hombre solo en Buenos Aires
Sobre Gramática de la sombra, de Jorge Consiglio.


No está bueno leer entrevistas a los escritores, porque en medio del análisis de la obra siempre se filtra un dato biográfico. En casi todos los casos esos datos despiertan simpatías o antipatías. La categoría que más me gusta es la de escritor que trabaja de otra cosa, y Consiglio es visitador médico, o lo fue en un momento, además de profesor universitario. También es poeta y cuentista, le gustan los personajes laterales, Onetti y Arlt, y le molesta la literatura pasatista. Demasiada información.
Lo de poeta se trasluce en el cuidado de la escritura. Tiendo a creer que un detenimiento excesivo en la construcción de la frase y las imágenes termina otorgando un dejo de extrañeza en la novela. Por supuesto que hay casos y casos, y que el límite es tan delgado como personal, pero en Gramática de la sombra el equilibrio por momentos se rompe y los párrafos, o incluso algunos diálogos se vuelen abstractos y pierden la referencia.
Con respecto a la faceta de cuentista de Consiglio, creo que es lo que más aporta al texto. Lo mejor de la novela a mi juicio no es la historia central sino las pequeñas historias paralelas que por un motivo u otro van apareciendo. La historia de la niñez de un amigo que se va a Brasil cuando su padre se separa, la historia de un tío de un compañero de trabajo que luchó salvando judíos del nazismo, el relato de una consulta médica de una mujer paraguaya que sufrió un aborto, la de un pastor que maltrataba a su hija y muere atacado por el perro da la familia, una extraña anécdota sobre un infarto de Aníbal Troilo que es resucitado por una curandera de pueblo, una historia de amor entre una renga que le roba el marido a quien la ayudó, y otra similar sobre un inmigrante alemán que ayuda a otro, peruano, que termina huyendo con la hija. Relatos muy logrados que dan a la novela otra densidad.
Con respecto a la historia principal de la novela, yo no sé qué sucede. Es muy extraño. En esta también hay un personaje que lo ocupa casi todo. Básicamente trata sobre un hombre solo en Buenos Aires, aquejado por la pérdida de su mujer y lo incomprensible de las enfermedades terminales. Escribe un diario como terapia para elaborar el duelo. El libro pertenece a lo que ya parece ser una categoría. Casos muy similares a Levrero con La novela luminosa, a Martini con Cine, sin ir muy lejos a la última de Coelho que reseñé la semana pasada, recuerdo la de Brindisi, Placebo, de Entropía, pienso en El pasado, de Pauls. Novelas de tono existencialista que repiten la fórmula de textos en los que no suceden muchas cosas más que la presencia de ese personaje, sufriente. Y algunos tópicos como el de espiar a una vecina, la observación de animales (palomas, hormigas, perros), la irrupción de la violencia extrema aunque no sea el eje de la historia, el detalle en las comidas, algún viaje al interior, y lo dicho, la enfermedad, la escritura.
El resultado, al menos en mi caso, es que como lector te terminas enfrentado a textos donde no suceden muchas cosas: son artefactos muy difíciles de poner en funcionamiento, lentas maquinarias que encuentran, en este caso, en las pequeñas historias paralelas, un oasis de ficción entretenida y buena.


Hombre solo en el mundo
Sobre El perseguido, de Daniel Guebel.

Es un libro viejo, ya han pasado diez años desde su publicación, quince desde que el autor comenzó a escribirlo. Y todavía está vivo. Apenas ha perdido un poco de ese brillo del que gozan los productos nuevos. Por lo demás, funciona perfectamente: entretiene, te lleva de un saque hasta el final, te hace reír, te hace pensar, te hace admirar al escritor. Todas cosas buenas.
Después están las malas. Es un libro de autor desconocido para el gran público y parece que su literatura es para gente de letras. ¿Existe la gente de letras? Lo que quiero decir es que no es una historia tradicional, todo lo contrario, se rompe la verosimilitud, la trama, nada de construcción tradicional de los personajes. Es un delirio atrás de otro, una mentira gigante, una locura total. Podría decirse. No se si importa, pero quien busque un novela que cuente una historia encontrará otra cosa.
Lo que hay es un personaje perseguido por el Estado, que vivirá situaciones de lo más disímiles. Será clonado, se exiliará en el desierto, en un hotel de hielo, en el fondo del mar; vivirá en un estudio cinematográfico, asesinará a un actor que iba a representarlo, se transformará en mujer y otra vez en hombre, tendrá un esposa y un hijo robots, será atrapado, acaso provocará el fin del mundo. Aunque nada de eso importe más que para hacer reflexionar al lector sobre dos temas recurrentes, el Estado opresor y la identidad.
Lo más importante, lo que más me gustó, es la voracidad por escribir, la necesidad que parece tener el autor de llevarse todo por delante con las palabras, aplastando la historia y sobre todos los personajes, un ola narrativa que los empuja, los deforma, los pone patas para arriba y cuando todo termina ya parecen un montón de muñecos destruidos.
Dos apuntes finales.
Antes esta novela no me hubiera gustado nada. Demasiado egocéntrica, habría pensado, un ejercicio literario inservible. Hoy, riéndome con algunas de sus imágenes, analizando sus reflexiones, puedo ver las cosas de otra manera: Pág. 43: Usted siempre es serio porque siempre se piensa importante. Quizás antes era eso. Y la risa, también, el humor siempre mejora las cosas.
Lo otro que quiero rescatar, para terminar, son algunas frases muy buenas. Dichas como al pasar:
Pág. 60: -¡Andá! ¡No te creo nada! – le decía Marcelito a Maaresta Tunturi (ya habían entrado en confianza). Pero cada noche, después de la cena y el café, le pedía que repitiera la historia.
Pág. 70: Ubaldo es un soñador. Para él, todo es negocio.
Pág. 144: - ¿Por qué siempre querés saber todo? ¿Desde cuando la verdad hace feliz a la gente?
Pág. 145: ¿Podía alguien creer un día en una cosa y otro día en la opuesta?
Pág. 126: -Nimporta. Cuando hablo y mastico al mismo tiempo se me desacomoda la dentadura postiza, ¡así que andá a saber qué dije! (la palabra nimporta está buenísima, y si es un error nimporta)
Pág 35: eran todas iguales, indias culonas y de tetas caídas, que ignoraban las ventajas de la gimnasia modeladora.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Un hombre llamado Lobo, Oliverio Coelho, Duomo Ediciones, 2011, Barcelona.


Los detalles del tedio


La historia que narra Coelho no está mal cuando se la resume.
Lobo, un oscuro inspector municipal de la ciudad de Buenos Aires, siente la necesidad de formar una pareja, conoce a una humilde mujer con quien se casa y tiene un hijo. Luego la relación fracasa, al mismo tiempo que se queda sin trabajo. Su mujer huye hacia el interior, y él comienza una búsqueda de la mano de un extraño inspector que lo llevará hasta Viedma y Carmen de Patagones. Allí, buscando a su esposa, se ve involucrado en un hecho sangriento, y luego es amparado por el caudillo del pueblo que le ofrece a su hija en matrimonio. Lobo vuelve a huir, y se instala con su nueva mujer en San Manuel, otro pueblo de provincia, donde transcurren los que serán sus últimos años de vida. Entonces la historia de Iván, aquel hijo que tuvo con su primera mujer, vuelve a tomar fuerza, ya viaja a San Manuel buscándolo.
Lo que sucede cuando la historia no se cuenta así, resumida, es que la novela es muy aburrida. Se demora mucho en nada. A ritmos muy desparejos. Lenta en su primera parte, y muy rápida luego, no sucede nada y de repente suceden muchas cosas. Y aunque quizás sea porque el tedio y la falta de motivación son características del personaje, el lector sufre ante un texto donde la historia no parece tener motores que la conduzcan hacia algún lugar. Por eso aunque en un resumen quede claro que se trata de una búsqueda de alguien abandonado, no es así en el texto, donde el personaje no siente amor por su mujer ni por su hijo, tampoco odio o venganza, nada.
Algo similar puede decirse sobre la construcción del personaje de la mujer de Lobo, Elena. Ella es una mujer humilde, que vive en un barrio muy pobre, con su madre. Lobo en cierto punto la desprecia por su condición, y solo la quiere para que sea la madre de sus hijos. Lo extraño es que por momentos el desprecio parece provenir no solo del personaje, sino también desde el narrador. Al igual que con el tedio de Lobo, que inunda todo el texto, trascendiendo el personaje, con el desprecio hacia Elena sucede algo similar. Para algunos será un mérito, para mí enrarece el texto.
Para terminar, tengo anotado en los apuntes de lectura algunas cosas:
-Página 157, por fin una escena donde pasa algo. Es un poco tarde.
-Repetición de la palabra orbitar, para diferentes situaciones, cuatro veces.
-Frases horribles: a) Por imágenes extrañas: “Lobo trató de dominar el trotecito de sus fantasías”, “desayunó la fragancia esquiva del dinero”, “humedeció con fluido la boca del ano”, “comerciantes sodomizados por la inflación”, b) por generalizaciones: “como todos los tullidos”, “los borrachos, además de los hombres desnudos, a veces obraban como delatores”, “La imagen mersa del lujo de provincias acoplado al espíritu de Las Vegas” c) Por desconocimiento de las cosas: “dos perros dormían boca arriba al sol”, “armen la pira de nuevo”.
No es que uno sea un perfeccionista o un obsesivo por los detalles, pero ¿cómo hace un perro para dormir boca arriba? ¿y dos al mismo tiempo? ¿quién le dice pira al fuego del asado? Y para ir un poco más allá, ¿Quién fue el descuidado editor al que le da lo mismo poner un cadillac amarillo en la tapa buscando ilustrar el naranja tan particular de los chevrolet que aún circulan por nuestro interior?
En fin, que no me gusto está claro. Y que me molestaron algunas cosas, también. Me pregunto cuanto me molestará una crítica parecida cuando haya publicado un libro.

viernes, 9 de septiembre de 2011

El huésped, Guadalupe Nettel, Anagrama, 2006, Barcelona.






Ciudades de una cosa

Los marcadores que regalan en la librería Böhm son de dos tipos. Unos tienen una foto del bosque, y los otros, una del edificio original. Se trata de una típica casa de comerciantes en la Costa Atlántica Argentina, de dos pisos, arriba la casa de familia, y abajo, el comercio. Lo curioso es que el edificio del marcador está solo, no hay nada a su alrededor, ni otras casas, ni árboles, ni nada. Hoy el edificio continúa siendo el mismo, en plena Avenida 3 de Villa Gesell, donde los carteles de las marcas más importantes del país hacen temporada. Allí, en medio de todo, espera lectores Böhm. Una buena librería, con estanterías bajas, con una cuidada selección de títulos entre los cuales siempre hay uno interesante.
Escribo esto, pienso en esto, creo, porque ando a las vueltas por Buenos Aires. Y ya no quedan aquí rastros de cuando esta ciudad enorme era, no digamos un poblado a orillas de un río, pero al menos una ciudad donde se podía vivir. Un amigo me contó el otro día, mientras esperábamos un micro en Retiro, que cuando vivía en México tuvo que acostumbrarse a que cada día solo podía hacer una cosa, no alcanza el tiempo para más, treinta millones de personas, el tráfico, en fin. Discutíamos si Buenos Aires ya era así. Entonces Gesell, hace trienta años, libros parece un paraíso.
Buenos Aires, un café del Abasto, o por ahí, me encuentra con El huésped, de Guadalupe Nettel, un libro que busqué bastante hasta encontrarlo en Gesell, para leerlo mientras espera para hacer una cosa en Buenos Aires. Lo abro, y aparece México. Qué extraño.



La Cosa ataca de nuevo

La narradora, Ana, comienza contándonos su infancia. Y luego, de repente, ya es adulta. Es un tema difícil, porque cuando es una niña está un poco fuera de lugar esa voz, la construcción de la voz de una niña no es tarea sencilla. Cuando crece, el tono se corresponde un poco más a la edad de quien nos cuenta la historia.
En la infancia Ana descubre que otro ser, a quien llamará La Cosa, vive en ella. Cada tanto esa otra presencia de adueña de Ana, con malas intenciones. Así, no sabemos cómo, pero pasa a ser la culpable de la muerte de su hermano Diego. Después el padre abandona a Ana y a su madre. Y ya en la adultez, cuando Ana comienza a trabajar en un instituto para ciegos, cree descubrir en una sociedad secreta del subterráneo mexicano su verdadero lugar en el mundo y la explicación a su doble personalidad.
En realidad se trata de una historia extraña, lenta, casi aburrida. Con un personaje que insiste una y otra vez en la amenaza de La Cosa, pero que nunca despierta en el lector un verdadero interés. Los personajes secundarios muy desdibujados, sin profundidad. El tema, poco interesante. Y además un lenguaje plano, insípido, donde las pocas metáforas sobresalen y nos dejan con ganas de más (tíos inflables para emergencias como velorios; el padre caminando alrededor de un charco de ausencia; la punta de un bastón de ciegos comparada con el hocico húmedo y negro de un perro).
La novela quedó en tercer lugar en el concurso de la editorial, y se destaca que es la primera novela de la autora, luego de dos libros de cuentos. Me preguntó si será la primera novela que escribe o que publica. Si fuera la que escribe pareciera comprensible ya que es un texto con buenos momentos, pero con algunas fallas que la vuelven previsible y lenta.

martes, 30 de agosto de 2011

Formas de volver a casa, Alejandro Zambra, Anagrama, 2011, Barcelona.





El amor en las calles de Chile

Qué lindos son los libros de Anagrama. Primer mundo. Hermosas fotos, el papel, hasta los espacios. Además el prestigio del catálago. Se llega a pensar que merecen el su precio en euros. Y además están todos los autores que todos queremos llegar a ser. Sin embargo, más de una vez nos encontramos con textos que no justifican los elogios. Entonces la decepción es más grande de lo habitual.
Eso me ha sucedido con Zambra. El Malherido lo recomendó, incluso sus libros anteriores, parecía imposible errar. Y es que los poetas son una raza aparte. Hablan otro idioma, en otro mundo, con otras palabras. Formas de volver a casa es la obra de un poeta. Una novela escrita por un poeta, la misma sensación que al leer una poesía: imágenes sucesivas, hermosas, joyas encontradas en medio de la oscuridad de la mina, y la historia, por detrás, apenas una línea de hechos que dejan ver una historia.
Es un niño, al principio, y luego un escritor, alguien muy parecido al autor, también chileno, que cuenta su infancia y luego su vida adulta a partir del hecho de conocer a una niña que luego será su amante. En medio está la sociedad y su relación con la política, la dictadura y las personas, las que estaban involucradas con la resistencia y las que pasaban de toda opinión. Al principio, y al fin, del libro y de la historia, los terremotos que sacudieron Chile, cerrando una especie de círculo.
También hay literatura de la literatura, por decirlo de algún modo, en las últimas páginas, donde el personaje se vuelve otro personaje y la mujer es otra mujer, y la historia parte de otras historias. Pero ya no importa, creo, porque son cosas que se saben, sabemos que todo es ficción, o que todo pudo ser real. No me gustan los libros con literatura, ni con personajes escritores, y ya me cansan también los niños narradores (como he explicado sobre otros libros), así que todo junto parece demasiado.
Entre lo bueno -porque hay cosas buenas-, está el tono con el que narra Zambra, austero, amable, y en medio, un poco de poesía. Eso está muy bien. Y después, que las historias de amor terminen tan mal, eso también está muy bien y es muy lindo. La desgracia del amor, la soledad, la indiferencia profunda. Mal para el personaje, o para el escritor, bien para la literatura.De la dictadura chilena no voy a decir nada, ni de las opiniones. Porque de eso no trata la novela, eso es el fondo de la cosa, la historia en la que vivimos. La novela trata del amor que alguien creyó encontrar caminando por la calles de una ciudad chilena.

domingo, 21 de agosto de 2011

Breves apuntes de autoayuda, Fabián Casas, Santiago Arcos, 2011, Buenos Aires.
Los Lemmings y otros, Fabián Casas, Santiago Arcos, 2010, Buenos Aires, Tercera edición.



Boedo antiguo y más allá

La librería: Compré varios libros en la pequeña y hermosa El gato escaldado, de Avenida Independencia 3548, en la ciudad de Buenos Aires. Después de leer algunos, caí en la cuenta que Los Lemmings y otros estaba entre ellos. Entonces el universo cerró su perfecto círculo sobre Boedo, escenario de los cuentos de Casas, y contexto de una librería que comparte con este escritor la amabilidad, la debilidad por la literatura y sus alrededores, la preferencia por lo importante.

El combustible puro
Sobre Los Lemmings y otros

Este pequeño libro ya tiene la fama de un clásico. Un clásico de hoy, podríamos decir. Lo he visto comentado en una revista literaria de España, en un blog de Bolivia, en una lista de promesas literarias.
Se trata de un conjunto de cuentos cortos cuyo epicentro es un grupo de amigos en el Boedo de finales de los años setenta. Las tramas comprenden la infancia, la adolescencia y la vida adulta de quienes pertenecieron a La barra de Boedo. Ellos son Máximo Disfrute, su líder; Andrés, los hermanos Dulce, el japonés Uzu, el tano Fuzaro, Chumpitaz, el gordo Noriega y algún otro que se menciona de forma lateral.
Los cuentos como Los Lemmings, Los cuatro fantásticos y el Bosque Pulenta tratan sobre ese universo, los días en la escuela, la historia de las parejas que fue teniendo la madre, la aparición y desaparición del líder de la barra. El narrador en todos los casos cuenta desde el punto de vista de un niño, lo que plantea la dificultad para el escritor de respetar la estructura de pensamiento de un niño, ya que siempre se trasluce la mirada desde otro tiempo, el del verdadero escritor, siempre futuro con respecto a la época del texto. Sin embargo creo también, y es justo decirlo, que son detalles en los que nos detenemos los escritores y no mucha más gente.
Hay otros dos cuentos, los Apéndices al Bosque Pulenta, que retoman sobre los mismos personajes, pero ya adultos. Dan algo de claridad a toda la saga y nos presentan otra parte de la historia, cuando el país, como dice Nancy Costas, ya los cagó a sopapos.
El otro conjunto de cuentos podría enmarcarse en la categoría Adultos. Historias en el mismo contexto de Boedo, o Buenos Aires, con personajes ya mayores casi todos trágicos, barriales, profundos: un portero acusado de asesinato en Asterix, el encargado; un joven escritor que se encuentra con otro consagrado e insoportable en Casa con diez pinos; un ex montonero de regreso al hogar de su madre enferma en La mortificación ordinaria; y un viudo solitario que parece ir perdiendo sus facultades mentales en El relator.
En fin, un recomendable libro de cuentos, condesando, cargado de historias, sensaciones, de momentos donde se descubre la verdad, y las mentiras, de historias trágicas y sensibles. Hecho de ese combustible que el autor reconoce como el más puro de la vida toda. Un universo personal, que no duda a la hora de utilizar palabras e imágenes del cine, la música, el budismo, los comics, la tradición barrial más marginal, la literaria más culta. Un libro amplio y generoso.

Los guisos del maestro
Sobre Breves apuntes de autoayuda

En varias oportunidades Casas se refiere a los textos, películas o canciones como guisos que se van preparando de diversas maneras, de diferentes formas, con distintos ingredientes y condimentos. Es una buena manera de intentar explicar la complejidad de las obras, una manera argentina además, qué es de lo que trata este libro.
No vaya a pensar el lector que es en verdad un libro donde se explica cómo vivir. Salvo que el lector sea, además, otra vez, un escritor, y entonces se podría decir que lo va a ayudar. Pero tampoco, porque en ese caso la lección es simple, no hay mucha solución, es lo que se sabe, todo termina en la muerte y hasta poco importa el arte.
En fin, de lo que trata es de básicamente de escritores, de músicos, de películas y de algunas celebridades. Son textos cortos, condensados, muy bien escritos, y lo mejor, con cierto humor que hacen que el libro se lea de un tirón. Y hacen que luego se vuelve a leer a saltos, en voz alta, en lo posible frente a un amigo con el que se comparten códigos, ideas.
Es difícil adivinar el contenido de los textos por sus títulos, saber de qué tratan, y también hacerlo leyendo los primeros párrafos, ya que en general Casas comienza el análisis desde un costado, contando una película para hablar de un libro, una historia de barrio para hablar de un escritor, sobre un autor para hablar de otro.
Los escritores a los que se dedica son Borges, tan eterno tomando un café; J M Coetzee, uno de los escritores en activo más importantes del mundo; Roberto Bolaño que sigue escribiendo después de morir; Cormac McCarthy en un análisis profundo de sus obras que creo haber leído en el suplemento de Perfil; Raymond Carver según la versión de su esposa; César Aira que al parecer ha ido demasiado lejos al meterse con los comics; Gustavo Ferreira, un perturbador escritor argentino; Salinger que escondía sus novelas en un caja fuerte tan grande como una habitación; Charlie Feiling un escritor argentino que murio a los 36 años; el turco Orham Pamuk que escribe al parecer como un animal; y Fogwill, para quien elige las palabras más bellas: un león despeinado, mejor persona que escritor.
Después están los poetas: Joaquín Giannuzzi, amigo sencillo y gran compañero; Ricardo Zelarayán, entrerriano y casi músico de las palabras; Philip Larkin, un rutinario poeta inglés que luego logró la fama; Sylvia Plath que en Londres escribía -y sabía que lo hacía-, la mejor literatura que se puede escribir; y Francisco Madariaga un poeta que encontró en Corrientes poesía por doquier.
También hay que mencionar a los músicos, porque reciben el mismo trato en tanto que artistas, al igual que sus obras. Andrés Calamaro; Fernando Cabrera, un músico uruguayo de culto; Peligrosos Gorriones en su recital de regreso; Spinetta con todas sus formaciones musicales; Led Zeppelín y su oscura afición a la magia negra.
Un libro profundo, al que le caben sucesivas lecturas. Donde conviven Spinoza, Schopenhauer y Gilles Deleuze con Tinelli, Maradona y Fort. Donde aparecen como fantasmas los amigos de la infancia, algunos personajes de Los Lemmings: un mecánico, un bibliotecario, Román con su moto, un boxeador con pasado casi glorioso, Delfor con sus bocadillos para conquistar mujeres.
Todo esto, que puede parecer demasiado y difícil de hacer convivir, tiene en el universo de Fabián Casas su exacto lugar. La justa combinación de una receta perfecta, cocida por la sabia mano de un Yoda urbano, karateca, calvo, no verde, sino morocho, mestizo y lateral, inconfundible maestro a la vista de quien sepa reconocerlo.

viernes, 29 de julio de 2011

El ruido de las cosas al caer, Juan Gabriel Vásquez, Alfaguara, 2011, Buenos Aires.





Esta novela ganó el Premio Alfaguara. La editorial publica, al final del libro, un listado con su respectiva foto de los premiados desde 1998. Parece un catálogo de best sellers. Me sorprendió descubrir que en mi biblioteca descansan varias de esas novelas: una de Ramírez, una de Poniatowska, otra de Neuman. No he leído ninguna pero evidentemente esa extraña estrategia hacer confundir la buena literatura y los libros muy vendidos o premiados, funciona.


Cuando chocan los aviones

Es una novela muy al día de hoy. Y es una novela bastante buena. Trata de Colombia después de los años más pesados del narcotráfico. Las secuelas que la violencia dejó en las personas, en su historia personal. Y en medio de las catástrofes de la cárcel, los asesinatos, los accidentes, y la pobreza, se cuentan dos historias de amor.
El protagonista es un joven abogado que conoce, jugando al billar, a un aviador y ex presidiario. Se hacen amigos y luego sufren, ambos, un atentado de los que todos hemos escuchado: dos jóvenes en una moto los balean. Ese incidente obviamente cambia su mundo y a partir de allí se inicia una especie de investigación del pasado. Es ese hecho el motor de la historia, aunque en algún pasaje del libro, con un salto hacia el pasado, se narra otra parte de la historia, donde el origen del narcotráfico es el contexto de un amor.
Creo que es eso lo que tiene de libro con aspiración de best sellers, contar sobre un tema del que cualquier persona ha escuchado pero no con tanta profundidad. Y va a funcionar. Como escribir sobre el atentado a las Torres Gemelas, o el asesinato de Kennedy, digamos.
Aunque es justo decir que el tema no hace buena o mala una novela. Se puede escribir una de las mejores novelas de la historia y quizás trate sobre un solo día de la persona más normal del mundo. En fin, que aburre un poco, porque la intriga sobre el pasado no es tanta ni tan importante, y en un momento, como dije, se deja de lado. Y las historias de amor tampoco están muy elaboradas, sino que nada mas suceden o dejan de suceder. Y en medio de todo, el cuerpo del texto, lo que está más escrito, son las descripciones: de aviones, de caminos, de colmenas, de casas, de personajes sin importancia, de telesféricos, de todo se da detalle y color, explicación, y a mí me aburre especialmente.
Dicho lo peor, y también que es buena, queda la sensación de que la novela es mejor al principio que después, y ya casi te tiene otra vez tras sus pasos y nada. Y así va y ya termina. No está mal, pero parece que va a estar mejor. Y eso es casi imperdonable.



Librería: la novela la compré en El Atril, en Tandil, es una de las dos que hay en la ciudad. Es una librería muy grande, tiene un segundo piso dedicado solamente a literatura argentina y extranjera que está bastante bien porque las estanterías son bajas y se pueden ver todos los libros. En esa habitación se encuentran libros viejos y novedades, lo que permite, por ejemplo, comprar –como me pasó con Martoccia- una novela de este año y otra del mismo autor de hace cuatro años, que en términos de literatura pareciera otro siglo. Lo negativo son los libreros, que se comunican con las sucursales de otras ciudades vía Spyke y en lugar de atender hacen chistes sobre el título de los libros y otras pavadas.